Al igual que muchas culturas indígenas contemporáneas, en las que los nombres que reciben los niños tienen un significado especial que se transmite a quien lo porta, los nombres propios que llevamos en el mundo occidental también, en su origen, tuvieron un significado que con el paso del tiempo, la evolución de las lenguas y su uso masivo perdieron.
Solían escogerse para transmitir ciertas características o poderes implicados en el mismo.
Para averiguar sobre el significado de los nombres existe la antroponimia o estudio de los nombres propios de persona, una rama de la lexicología que estudia los nombres propios, sus orígenes y significado, usando para ello métodos comunes a la lingüística, así como también investigaciones históricas y antropológicas.
Veamos dos ejemplos sencillos y comunes, Antonio y Ana.
Ana: Es un nombre hebreo, que se ponía a las niñas. Su significado tiene que ver con una persona bondadosa, caritativa, sensible, humanitaria o lo que conocemos hoy ...