El uso del chupete
Todos los bebés nacen con un reflejo primario de succión, que les permite alimentarse, pero también cubre una necesidad psicológica. Al succionar experimentan un estÃmulo placentero en la boca que los tranquiliza y los relaciona con su mundo, especialmente con su madre durante la lactancia.
Se ha comprobado que los bebés a quienes se les ha privado de la succión por alguna enfermedad o por otros factores, llegan a ser más irritables y apáticos. Por ello es normal que el bebé se lleve los dedos a la boca entre los dos y seis meses de edad.
A esto se le llama hábito de succión digital, siendo parte de su desarrollo oral y de la forma en que se conoce a sà mismo. El bebé chupa y succiona su dedo pulgar cuando tiene sueño, está dormido, aburrido o hambriento, después de comer y en situaciones de estrés para tranquilizarse.
Este hábito desaparece por sà solo entre el primer y tercer año de vida. Es justamente con el propósito de tranquilizar al bebé, regular sus horarios y evitar que se chupe el dedo que la mayorÃa de los padres empiezan a introducir el chupete a la vida cotidiana de los bebés.
El uso del chupete es considerado un hábito de succión no nutritivo al igual que el chuparse el dedo, que puede iniciarse como una necesidad, una manera de aprendizaje, para generar un sentimiento de seguridad, para reducir la ansiedad o bien, para satisfacer el reflejo de succión con el que nace todo bebé.
Sin embargo, puede convertirse en un hábito muy difÃcil de eliminar y con consecuencias negativas tanto de salud como fÃsicas. No podemos ignorar que todo proceso artificial que introduzcamos para modificar el comportamiento de los niños tiene ventajas y desventajas, siendo necesario conocerlas antes de tomar la decisión de utilizarlo.
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