Muchos padres se quejan de que sus niños no duermen, duermen muy poco o duermen muy mal.
Puede ser que sufran algún trastorno del sueño, por lo que sería recomendable visitar a un especialista para que realice el diagnóstico correspondiente o nos dé consejos para acabar con este problema.
No obstante, hay muchas ocasiones en que somos los padres o los adultos que estamos a su cuidado, los que provocamos estos desajustes en el sueño de los pequeños.
La frase de que “un hijo te cambia la vida”, a veces es mucho más literal de lo que nos imaginamos. Tenemos que organizar nuestra vida en función de sus necesidades, sus cuidados, sus atenciones y todo lo que ellos puedan necesitar. El sueño, es una de esas cosas importantes que tenemos que respetar en nuestros pequeños.
Es inevitable que tengamos que reorganizar nuestra vida por el nacimiento del niño y que, en muchos casos, ellos también tengan que ajustarse a ciertos horarios que vienen marcados por las obligaciones laborales.
Por ello, suele ser muy habitual que tengamos que despertar al niño a las 7 de la mañana porque tenemos que dejarlo en la guardería o en casa de los abuelos para que nosotros podamos irnos a trabajar. Aquí ya le estamos marcando un horario para despertarse que él, quizás, no hubiera elegido. Luego, cuando llegamos de trabajar y pasamos a recogerlo, queremos llegar a casa cuanto antes y tal vez, interrumpamos también su siesta.
Por otro lado, son muchos los padres que deciden aguantar al niño despierto hasta tarde, los viernes y sábados por la noche, o los días previos a una festividad, para que así el niño se levante más tarde por la mañana y nos deje dormir. Este es un grave error porque volvemos a remover e interrumpir el ciclo natural del sueño del pequeño.
También se suele decir que hay que acostumbrar al niño a que duerma con luz y con cierto jaleo a su alrededor, pues de lo contrario, cualquier mínimo ruido, podría despertarlo. Eso está bien, pero lo que no podemos pretender es que el niño duerma tranquilo si tiene a alguien gritándole en la oreja.
Antes de quejarnos gratuitamente o darle al bebé algún tratamiento que le regule el sueño, deberíamos fijarnos si el niño duerme mal por nuestra culpa.
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