Mi niño tiene “mamitis” o “papitis”

Mi niño tiene “mamitis” o “papitis”

Es muy habitual que empleemos este término cuando sentimos que nuestro bebé llora cuando nos separamos de él.

Es un hecho totalmente normal que, habitualmente, empieza a manifestarse a partir de los 8 meses de edad aproximadamente.

Desde su nacimiento, se crean ciertos lazos afectivos con las personas que más tiempo pasan con el bebé; la mamá, el papá, hermanos, abuelos…

A partir de los 6 meses, los bebés reconocen perfectamente los rostros y las voces de las personas que le rodean y saben que con estas personas, se sienten seguros. Los cuidan, los miman y cubren sus necesidades básicas.

Cuando están con nosotros, sienten esa afectividad y seguridad, sin embargo, cuando no nos ven, no tienen conciencia de cuándo vamos a volver.

Aunque, a priori, esta necesidad de afecto materno o paterno nos produzca una grata sensación, es posible que también podamos compartir esa angustia cuando no tengamos más remedio que separarnos de nuestro bebé, normalmente, por las obligaciones profesionales. Puede llegar a resultar una situación complicada que nos haga sentir mal y nos cree cierta ansiedad.

Pero, tampoco debemos preocuparnos en exceso ni alarmarnos por esta situación por la que pasan todos los niños y todos los padres. Tenemos que procurar transmitir seguridad y calma para no contagiar o incrementar al niño su angustia. Ellos también perciben nuestro estado de ánimo y podemos provocar que el niño se sienta peor en el momento de la separación.

También debemos tener en cuenta que esa angustia es pasajera y que vamos a dejar al bebé en buenas manos, por lo que los lloros pasarán rápidamente y pronto se sentirá nuevamente arropado y bien atendido.

Dependiendo de la madurez del niño, se presentará más o menos dependiente, hará un drama más o menos mayor pero siempre es una etapa transitoria por la que tienen que pasar todos, tanto niños como mamás y papás.

 

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