El tema de la obesidad preocupa cada vez más a nuestra sociedad. En el caso de los adultos, suele ser más por una cuestión estética que de salud, cuando deberíamos darle prioridad a esta cuestión antes que a la imagen.
Cada vez se dan más casos de obesidad infantil porque no cuidamos su alimentación debidamente. Que les demos bollería para merendar porque queman mucha energía, es un error ya que los niños necesitan más otro tipo de alimentación que les dará mucha más energía que ese tipo de alimento con alto contenido en grasas.
En los bebés, también se producen casos de sobrepeso porque sobrealimentamos a los pequeños. La pauta de “alimentar bajo demanda” puede hacer que estemos dando al niño más alimento del que necesita.
Cuando son pequeños y lloran, no siempre es porque tienen hambre. Ni siquiera el hecho de que cojan el chupete con ansia es indicio de hambre. El chupete es un sustituto del pecho materno porque ellos, por instinto, tienden a succionar. Pero no siempre lo hacen por hambre. También puede ser que este gesto, les alivie de alguna molestia y, al generar saliva, pueden calmar los incómodos aires.
Es muy importante seguir las instrucciones del pediatra en cuanto a la alimentación, las dosis de leche y cereales en las tomas estipuladas. Los controles de peso y crecimiento sirven, precisamente, para saber si estamos alimentando adecuadamente al bebé. Por muy gracioso que resulte un bebé regordete, con muchos michelines y mofletes, le podemos estar haciendo un flaco favor alimentándole en exceso.
El pediatra es quien nos debe asesorar e indicar si el bebé se está desarrollando correctamente o si precisa de algún tipo de ejercicio o terapia complementaria para que no pueda sufrir algún retraso en el desarrollo psicomotor.
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