Érase una vez… en un bosque de la India, un elefantito joven que jugaba a menudo con una liebre muy rolliza. A pesar de la diferencia de talla, los dos se habían hecho amigos y se divertían resolviendo extrañas adivinanzas.
Un día la liebre le dijo a su amigo:
-Según tú, ¿quién es más grande de los dos?
Al elefante, al oír algo tan absurdo, casi se le cayó el racimo de plátanos que sujetaba con la trompa.
-¿Te quieres burlar de mí? ¿Tú, que cuando te pones de pie no me llegas ni a al altura de mis rodillas?
Continua leyendo éste bonito cuento….
-¡Eso es lo que tú crees! Puesto que sostengo que el más grande soy yo, buscaremos un árbitro que decida. ¿Estás de acuerdo?
-De acuerdo -respondió todavía atónito el elefante.
-Bien. Pues vayamos al pueblo y escucharemos el parecer de algunos seres humanos, quienes al ser los más inteligentes de los animales estarán ...
Don Mapache era un artista con sus manos haciendo objetos de adorno. Para ello usaba únicamente botones e hilo. Vivía humildemente pero con alegría.
-Tengo un trabajo que me gusta aunque no soy rico, gano lo suficiente para vivir con dignidad. ¿Qué más puedo pedir? —decía, sonriente.
Un grupo de curiosos solía formarse en torno a su puesto de baratijas, y había quien se pasaba horas enteras admirando maravillados el virtuoso trabajo de don Mapache.
Su Majestad el león, rey de la selva, anunció su deseo de regalarle a su esposa un objeto valioso y, sobre todo, original. Ofreció a quien le presentase algo digno de tal cosa, grandes riquezas y honores.
-Don Mapache hizo un collar maravilloso a base de botones e hilo. Cuando se lo presentó al rey, éste quedó admirado del brillo que despedía tal regalo y lo aceptó, muy complacido.
El rey de la selva colmó de monedas de oro a don Mapache quien, con ...
Cuatro cerditos iban andando por el campo, muy animados y contentos. Charlaban por los codos y se contaban muchas cosas graciosas. Entre risas y piruetas, el camino se les hacía más corto. Iban a comer a casa de su abuelita. Ella guisaba de maravilla y ya se relamían los cuatro pensando en las delicias del menú.
En esto se encontraron con dos osos que venían en dirección contraria. Tenían ganas de fastidiar a alguien y se sentían muy ocurrentes, así que dijeron a los cerditos:
—No sigan por este camino, que está cortado. Andan haciendo obras,estan cortando árboles, así que es mejor que den un rodeo por el bosque, ¿verdad, Osín? —aseguró el primero de ellos.
—¡Desde luego! Mi amigo les aconseja bien. Además de que no puden pasar se van a llenar de polvo si siguen por aquí —contestó el aludido.
Los cuatro cerditos, tras agradecer la gentileza a ambos osos, se adentraron en el bosque, ...
“Nunca llueve a gusto de todos”. Así dice el refrán, y la historia que sigue parece darle la razón. Escuchad:
Había una linda escuela en un pueblo apartado. A ella acudían dos perritos y dos ranitas. Vivían muy cerca unos de otros y eran buenos amigos. Naturalmente, iban juntos a clase, y con mucha puntualidad.
A veces, antes de llegar a la escuela, comenzaban las peleas. Si el día había amanecido lluvioso, las ranitas se ponían locas de contentas. En cambio, a los perritos se les torcía el gesto.
— ¡Yuuupii! ¡Menudo chapuzón nos vamos a dar en las charcas que la lluvia está formando! ¡Aaaah, qué frescor y bienestar siento! —decía una de las ranitas.
—¡Bah! Es día perdido para mí. ¡Me deprime tanto la lluvia! —respondía uno de los perritos.
Cuando el día amanecía soleado, ocurría todo lo contrario; los perritos no cabían en sí de gozo y las ranitas se sentían muy desdichadas, pues ...
En aquella clase pasaba algo extraño. Desaparecían lapiceros, gomas, pinturas de colores, cuadernos… ¿ Quién sería el ladrón?
Todos los alumnos de la clase se convirtieron, de la noche a la mañana, en expertos detectives que andaban mirándolo todo con lupa. Sin embargo, nadie pudo encontrar la menor pista que condujese al culpable de dichos robos.
Un día, en el recreo, había un grupo de alumnos jugando al escondite. Ranita buscaba el lugar ideal donde poder esconderse, pero no encontraba ninguno. Entonces, un pelícano que no formaba parte del juego, le digo:
—Ven; métete aquí, en mi pico, y nadie podrá descubrirte.
La rana le obedeció y, en efecto, no pudo ser descubierta. Pensando, pensando, la rana entró en sospechas acerca del pico de este pelícano. Sería un escondite ideal para guardar las cosas robadas.
Advertidos los demás alumnos por Ranita, todos se dedicaron a vigilar con
disimulo a Pelícano quien, totalmente confiado, siguió robando lo ...
El invierno es muy duro y Perrita se ha acatarrado; aunque a ella le gusta salir al jardín y corretear por él, su mamá se lo ha prohibido, porque no quiere que tome más frío. Perrita sufre más por su encierro que por las molestias propias del catarro, pero todos los argumentos que ha utilizado para convencer a su mamá han sido inútiles.
Impaciente y desesperada, vaga por su casa; quiere entretenerse en algo pero su mente está fija en las delicias y entretenimientos que el jardín podría proporcionarle. Una honda tristeza se apodera de ella y pasa horas y horas asomada a la ventana. Cree que nadie piensa en ella. ¿Cuánto tiempo va a durar esta situación?
De pronto, algo llama su atención. Un personaje extravagante pasa delante de su ventana, y la mira con gran detenimiento. Una sonrisa asoma a sus labios y el guiño de sus ojos parece decir a Perrita: “No ...
Patita es muy bella y esto la hace muy presumida y orgullosa. Cree que siempre se mantendrá hermosa y mira a sus vecinos y amigos por encima del hombro. Les considera indignos de su atención. Por eso, siempre que sale a pasear, vestida con sus mejores galas, levanta la barbilla y mira hacia adelante con gesto desdeñoso.
Esta tarde, patita estrena un hermoso vestido, sombrero y bolso. No se puede negar que tiene un aire elegante y distinguido. Todos, a su paso, se deshacen en piropos y cumplidos, pero ella ni siquiera los saluda, ni los mira. ¡Qué engreída camina por la calle principal del pueblo!
“¡Bah, son unos tontos! Visten pobremente y no tienen ni elegancia, ni distinción. Si creen que voy a dirigirles la palabra, – —piensa patita para sus adentros, con una mueca despreciativa.
Pero patita tanto levanta la barbilla que no ve el terreno que pisa. Y sucede lo inevitable. Patita ...