Lo ideal sería no conservar nada. La leche no debe prepararse de antemano, sino justo en el momento que vaya a utilizarse porque es muy propensa a contaminarse con gérmenes y aún más si el chiquito ya ha chupado la mamadera, y deja las babas y los microbios.

Si se prepara la mamadera y el pequeño ya no quiere más, en principio no pasa nada por esperar una hora a ver si le viene el hambre, siempre y cuando no le importe tomarla a temperatura ambiente (no es aconsejable volver a calentarla). Lo que desde luego no debe hacerse es guardarla para la siguiente toma.

Si el bebé suele dejar media mamadera, quizá sea mejor dársela a plazos. ¿Por qué no probar prepararle 90 ml y, si la termina, 30 ml más, en vez de empezar por 150 ml y tener que tirar después la mitad?

Por los motivos expuestos, en los viajes, lo más práctico es llevar agua caliente en un termo y la leche en polvo en un recipiente limpio para preparar la mamadera cuando el bebé tenga hambre. Tampoco es prudente hacer varias para todo el día, ni dejar la toma de la noche en el calienta-mamaderas.

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