En los comedores escolares se suele recurrir, con bastante frecuencia, a los pescados congelados. Son un alimento con un contenido energético no muy elevado pero, cuyo proceso de congelación, aporta proteínas de alto valor nutritivo similar a las de la carne o el pescado fresco; eso sí, siempre que se realice adecuadamente, manteniendo la cadena de frío.

Además, hay que señalar la presencia de vitaminas hidrosolubles y liposolubles, así como de minerales esenciales.

Por otro lado, si tenemos la idea de optar por los preparados de pescado, tendremos que saber que no resultan tan saludables, ya que suelen destacar por su sabor, en vez de por su alto valor nutricional. De hecho, estos platos se obtienen después de someterlos a una serie de procesos de preparación, ya sean industriales o culinarios. Alterando, con mucha frecuencia su valor nutritivo, tanto desde el punto de vista cualitativo, como cuantitativo.

El pescado en la dieta infantil

En resúmen, no hay nada como preparar un buen puré en casa, aportando todos los nutrientes y variedad alimenticia que nuestro bebé necesita. Así, podemos elaborar un delicioso plato con verduras frescas (calabaza, calabacín, zanahorias, patata, judías verdes, …) y un tipo de pescado (lomos de merluza, lenguados sin espinas ni piel, filetes de salmón,…). Éste, habrá sido previamente congelado (48 hrs. mínimo aunque, lo recomendable, es una semana); ya que, sólo así, nos aseguramos la inexistencia de microorganismos perjudiciales para el organismo, como es el caso de los temidos anisakis.

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