Todos los pediatras se rigen por las mismas pautas en lo que al cuidado y desarrollo de los niños se refiere. De hecho, existe una Asociación Española de Pediatría a la que pertenece más de 9.000 pediatras y cirujanos, que marca unas directrices generales para toda la infancia.

No obstante, cada pediatra tiene determinados criterios que pueden variar ligeramente sobre la opinión de otros. Por ese motivo, puede darse el caso de que, al comentar con otras madres o padres sobre algún detalle específico relacionado con nuestro hijo, encontremos algunas diferencias en cuanto a las directrices tomadas.

Por ejemplo, es el caso de la alimentación. Algunos pediatras sugieren que se empiece a introducir los alimentos sólidos, por supuesto, triturados, a partir del quinto mes del niño. Otros, prefieren esperar a que el niño haya cumplido los 6 o los 7 meses para empezar con el cocido.

En cuanto al desarrollo psicomotor, la mayoría están de acuerdo en que es aconsejable que el niño empiece a descubrir su movilidad en los parques infantiles a partir del sexto mes, cuando ya se mantienen sentados sin dificultad y pueden empezar a interactuar con los juguetes. A partir de ese momento, el niño empezará a ponerse boca abajo y desarrollar el instinto de gatear para conseguir algún objeto que no está a su alcance. Poco a poco, irá investigando su propia movilidad y empezará a sujetarse en las paredes para intentar ponerse de pie. Un ejercicio que pueden empezar a desarrollar a partir de los ocho meses hasta el año. En este aspecto, algunos pediatras recomiendan el uso del tacatá para potenciar el desarrollo psicomotor del bebé, mientras que otros, por el contrario, prefieren evitarlo.

En cuanto a los medicamentos, también hay pediatras que son más dados a recetar paracetamol ante las mínimas molestias que el bebé pueda tener, por ejemplo, después de poner una vacuna o con los primeros síntomas de la dentición. Otros, sin embargo, recomiendan que no abusemos del fármaco a no ser que veamos al niño muy molesto, con dificultad para dormir o con pérdida de apetito.

En todas estas cuestiones, entra también en juego el conocimiento que los padres tengamos de nuestros niños. Por supuesto, hay que seguir las instrucciones que marca el pediatra, que para eso es un profesional pero. Sus consejos e indicaciones son generales y, dentro de la norma general que marca el especialista, está el aspecto personalizado de cada niño. Y, claro, los pediatras no pueden saberlo todo sobre todos los niños. Igual que cada pediatrillo puede tener su propio librillo, cada niño, también puede tener el suyo.

 

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