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Cómo controlar las rabietas de tu hijo

¿Se pueden controlar?

A veces resulta francamente difícil, por no decir imposible. Además, parece que hay una relación directa entre la reacción de rabieta por parte del niño, con el momento o la situación más incómoda para la madre. Quiero decir; puede que al niño le entre una rabieta en casa y antes de que lo mandes castigado a su habitación, ya se le haya pasado. Pero, si la rabieta se desencadena en la cola del supermercado, mientras la madre está guardando la compra, el super está lleno y la cajera observa la situación con cara de “qué maleducado”, la rabieta alcanza su nivel máximo.

¿Qué hacer? Ojalá funcionara el método que mostraba un anuncio de televisión, en el que la madre se tiraba al suelo y se ponía a patalear antes de que lo hiciera su hijo. (Yo lo he intentado y la rabia de mi hijo fue en aumento al creer que me estaba burlando de él).

Las rabietas pueden ser provocadas por el motivo más absurdo y sin fundamento. Normalmente, los niños quieren salirse con la suya en aspectos muy simples porque necesitan afianzar su personalidad. Están recibiendo órdenes durante todo el día; no hagas esto, ponte aquí, no grites, cómete el pollo, deja a tu hermano, vete a la cama… Conforme se van haciendo mayores, necesitan mostrar su carácter y rebelarse, en cierta forma, contra todas las imposiciones y normas que tienen que cumplir. En algún momento, quieren fijar su criterio, salirse con la suya por el simple hecho de hacerlo, llevar la batuta, dejar constancia de su decisión. Una pediatra me dijo una vez que, a los tres años, los niños viven su primera adolescencia, su lucha personal contra el mundo.

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Cuando llegan los hermanos pequeños, los mayores pueden acentuar una conducta más rebelde por el simple hecho de llamar la atención y como protesta por haber cedido su reinado. Pero, el tema de los príncipes destronados, merece otro post.

En cuanto a las rabietas en general, los padres tenemos que ser pacientes y comprensivos pues, en la mayoría de ocasiones, los hijos, con su comportamiento, quieren decirnos algo que no saben o no pueden expresar con palabras.

Castigar su comportamiento, normalmente, da un buen resultado. El problema es cuando el castigo no se puede aplicar inmediatamente después de que se produzca la pataleta. Los niños entienden la consecuencia negativa que desencadena un mal comportamiento por su parte. Pero, si castigamos tres horas más tarde, el castigo pierde su fuerza y su efecto sobre el pequeño.

El hecho de ignorar su actitud y que se den cuenta de que no consiguen llamar la atención de los padres, puede ser una suficiente reprimenda para el niño y entiende que no consigue su objetivo.

 

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