parto

El momento del nacimiento le provoca una conmoción al bebé. La vida dentro del útero es muy acogedora ya que está oscuro, hace calor, se está tranquilo… un día, de repente, después de un apretón muy intenso, todo ese entorno desaparece. Ahora, el niño está expuesto a la luz, al frío, al ruido… El bebé nace, el equipo médico corta el cordón umbilical y examina al bebé para encontrar que todo esté bien. Lo pesan, lo lavan y lo envuelven en una mantita. Para la mayoría de bebés, este proceso podría hacerse con más calma, lo cual atenuaría la conmoción del nacimiento. Algunos estudios que han realizado a bebés indican que el trauma es menor si en el momento de nacer están rodeados de paz y tranquilidad en vez de ruido y agitación.

La luz es necesaria en el momento del nacimiento pero una vez el bebé ha nacido, debemos bajar la luz para que se vaya acostumbrando a ella poco a poco. Otra cosa que también reduce la sensación de pánico es que nada más nacer esté un rato con la madre, en contacto con ella, en vez de que esté de mano en mano con los médicos. Los bebés que reciben este trato más relajado, muestran menos pánico. Si las enfermeras que lavan y pesan al bebé, esperan unos minutos, tanto la madre como el bebé tendrán tiempo para experimentar los primeros lazos afectivos. Enseguida, el bebé tendrá sueño y pasará un tiempo contemplando a su madre mientras ella hace lo mismo.

Cuando se le corta el cordón umbilical, si ya ha experimentado previamente, estos momentos de tranquilidad con la madre, esta interrupción no será tan estresante para el bebé. Una vez limpio, el bebé debe volver con su madre y separarse de ella lo menos posible.

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