Puntual, como cada invierno, la gripe llega a cada casa con sus síntomas que todos conocemos: fiebre, malestar general e inflamación de las vías respiratorias. Los niños menores de 2 años que padecen esta infección tienen más posibilidades de acabar hospitalizados que niños más mayores, y la gripe es más preocupante en bebés muy pequeños. La gripe suele visitarnos entre los meses de octubre a febrero.

La gripe en los recién nacidos y en los lactantes tiene síntomas poco característicos, incluso difícilmente reconocibles a primera vista. Los más comunes son irritabilidad, respiración alterada e inapetencia. Sólo en algunos casos determinados, la temperatura de los niños es elevada, mientras que pueden aparecen con más frecuencia síntomas como diarrea y vómitos, acompañados de dolores abdominales.

En las formas de gripe sin complicaciones no se necesita tratamiento especial, a excepción de los antipiréticos. El mejor tratamiento para la gripe consiste en que descanse, y tome mucho líquido. Si es pequeño, amamántalo o dale el biberón con frecuencia y, si come alimentos sólidos, intenta darle barras de fruta congelada para incentivarlo a ingerir más líquido, junto con sopa o caldo, lo que también podría aliviar su congestión. Una visita al pediatra puede estar motivada por uno de los siguientes factores: si el niño es más pequeño de un año, si los síntomas persisten pasados 5-7 días o si se presentan síntomas importantes como llanto inconsolable y prolongado o débil..

Dado que la gripe se multiplica cuando la gente está en contacto cercano, es fácil que se transmita en las escuelas y guarderías, en los lugares de juegos y entre miembros de una misma familia. Generalmente, la persona contagiada se enfermará de uno a cuatro días después de haber estado expuesta al virus.

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