Eliminar residuos corporales en forma de heces y orina es tan importante como beber y comer. El sistema digestivo está programado para conservar lo que necesita para estimular el crecimiento y deshacerse de la materia innecesaria. Durante meses, este proceso no se puede controlar y los padres deberán ayudar. El sistema digestivo tiene un tuvo largo y musculado a través del cual se transporta la comida, desde la boca hasta el ano. La comida avanza gracias a la contracción y relajación de los músculos y la saliva y los jugos gástricos la desmenuzan mientras viaja por el sistema.

El primer día de vida del recién nacido, éste defeca por primera vez ya que estando dentro del útero de la madre no lo hace nunca. Esto se le conoce como meconio. Es negro y apenas tiene olor. Son residuos de los intestinos. Cuando el bebé empieza a excretar residuos lácteos de leche materna, el color del mecomio se va acelerando hasta conseguir un color marrón pálido. Las heces del niño que se alimenta con leche materna son blandas y de color pálido. Es normal que defeque varias veces al día y es que su sistema digestivo aún no está controlado y normalizado. Cuando el sistema digestivo termine de desarrollarse, las deyecciones cambiarán.

El niño, al igual que muchos adultos, tiene una rutina. El bebé suele defecar al despertarse y media hora después de comer. Orina a menudo cuando es recién nacido, mientras que conforme va creciendo, va orinando menos al día. Los padres, se acostumbrarán a la rutina de su hijo y sabrán más o menos cuándo es la hora de cambiarle el pañal.

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