Mientras nuestros hijos son pequeños tenemos otras urgencias y no reparamos en este importante asunto. Es cuando comienzan a hablar, cuando empezamos a establecer límites y cuando tenemos ocasión de decirles aquello que está bien y está mal, cuando reparamos en qué actitud refuerza su autoestima y con qué comentarios o comportamientos herimos su sensibilidad.

La imagen que una persona tenga de sí mismo es la base primordial de la autoestima. Esta imagen no es un valor absoluto; se trata de algo que se construye poco a poco a lo largo de toda la vida. Los niños con baja autoestima no se atreven a enfrentarse a retos nuevos o a defenderse ante algo que no les gusta. Por el contrario, los niños con una autoestima sana sabrán hacerse valer y respetar, superarán actitudes egocéntricas propias de algunas etapas como la adolescencia y se comunicarán mejor con su entorno.

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Sentir que los demás nos quieren y aprecian es el mejor estímulo que nuestros hijos pueden recibir para tener una buena autoestima. En la familia, nuestro hijo percibe este mensaje a través de los abrazos, las caricias y los gestos de cariño en general. Por eso lo más importante que podemos hacer por su felicidad futura es mostrarle una actitud positiva ante las dificultades.

Expresiones como “lo haces todo mal”, “eres un desastre”, “no escuchas” harán que nuestro hijo piense que no es capaz de hacer mejor las cosas y en lugar de autoafirmarse terminará inhibiéndose. Los niños con baja autoestima son más manipulables porque evitan, a toda costa el enfrentamiento.
Valorar sus logros y su evolución en todo lo que tiene que ver con el colegio es un modo de motivarles, a la vez que trabajamos la autoestima. Recuerda que su día a día está repleto de pequeñas y grandes dificultades que es importante que tengamos en cuenta.

Hablamos con nuestros hijos para transmitirles cariño, conocimientos y para fomentar su autoestima. La comunicación con ellos les ayudará a liberarse de miedos y a crecer en seguridad. En definitiva a convertirse en personas felices.

Un niño que crece una autoestima sana pensará y expresará cosas como “aunque tengo muchas cosas que aprender hay muchas de me salen bien” o “no me ha salido, pero quiero volver a intentarlo; seguro que termino consiguiéndolo”.

La seguridad y la autoestima están en la base de la felicidad y es algo en lo que todos podemos avanzar a diario.

La autoestima está a la cabeza de las habilidades que tu hijo tendrá que desarrollar para ser feliz. Sin dejar de ser realista respecto a las capacidades, valores y límites de tu hijo, es mucho lo que puedes hacer en el seno familiar para estimularle positivamente, ayudarle a avanzar y que se sienta seguro.

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