Si hay una situación que hace sentir mal a las madres es cuando un enfado mal llevado nos hace perder los nervios y terminamos gritando en el mejor de los casos. La maternidad es tan emocionante como agotadora.

Todos tenemos un limite y debemos evitar sentirnos culpables en exceso. La paciencia se acaba y también los recursos en determinadas situaciones. No obstante todos podemos aprender a tener más autocontrol. Cuanto mejor manejemos las situaciones delicadas con nuestros hijos, mejor para todos.

Por eso a continuación te proponemos algunas técnicas que pueden ayudarte a controlar la ira.  No resuelven el problema que ocasiona el conflicto pero te ayudarán a retomar el control y encontrar una forma productiva de solucionarlo. También evitan decir y hacer cosas llevados por la furia que luego podemos lamentar:

-Dejar la situación que nos vuelve furiosos, si es posible.

– Contar hasta 10.

– Repetir frases de calma como ‘tranquilízate’ o ‘¿importará esto dentro de 6 meses?’.

– Respirar profundamente desde el estómago: puede parecer simple pero ayuda a calmar la mente, ralentiza el corazón e incluso baja la presión sanguínea.

–  Intentar cambiar la atención hacia algo más relajante.

– Considerar si la reacción se corresponde con la situación: para ello es bueno que te plantees cuestiones como “¿Qué pensaría de alguien si le viera enfadarse en esta situación?, ¿Es esta situación realmente tan mala como para sacarme de mis ciraasillas?

– Examinar los pensamientos: algunas veces la forma de pensar aumenta la ira, por ejemplo al asumir que otra persona intenta herirnos o molestarnos cuando en realidad esto podría no ser cierto.

La ira varía en intensidad de una simple irritación leve a una furia y rabia exacerbadas. Como todas las emociones, en sí misma es necesaria, pero es bueno saber manejarla para que nuestras reacciones no sean desproporcionadas. No podemos pedir que nuestros hijos se controlen dando un grito o cuando nosotros estamos fuera de sí.

Las técnicas que te proponemos pueden servirles también a tus hijos. Un buen manejo de las emociones es la mejor base para una buena convivencia.

 

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