Hola a todos amigos, en el espacio de hoy os dejo con este maravilloso cuento. La ciudad sin colores llega a su fin, después de este tercer artículo.

Espero que os esté gustando tanto como a mi. Si te gusta leer cuentos a tus hijos, seguramente este te encantará.

Añade el cuento a tu estantería y listo, puedes leer junto a tu hijo esta estupenda historia.

dibujo

La ciudad sin colores

Violeta y el abuelo Filomeno pintaron sobre las paredes grises del colegio un precioso campo de girasoles. Un policía incoloro que pasaba por allí quiso llamarles la atención, pero el abuelo Filomeno con su sonrisa de sandía le preguntó alegremente:

– Señor Policía, cuéntenos algo que le haga feliz…

– ¿Feliz? Un sofá cómodo junto a una chimenea donde leer una buena novela policiaca.

Y fue así como Violeta, el abuelo Filomeno y aquel policía incoloro se pusieron a pintar una enorme chimenea con una butaca de cuadros.

Cuando estaban terminando, una mujer muy estirada y sin una pizca de color se acercó a ellos con cara de malas pulgas, pero el abuelo Filomeno con su sonrisa de sandía le preguntó alegremente:

– Descolorida señora, díganos algo que le haga muy feliz…

– ¿Feliz? ¿En estos tiempos grises? Déjeme que piense…una pastelería llena de buñuelos de chocolate.

Y fue así como Violeta, el abuelo Filomeno, el policía incoloro y la mujer estirada sin una pizca de color comenzaron a pintar una colorida pastelería.

Poco a poco, todos los habitantes de la ciudad fueron uniéndose a aquel grupo y llenando la ciudad de murales llenos de cosas maravillosas, que a todos ellos les hacían muy feliz.

Cuando acabaron, la ciudad entera se había llenado de colores. Todos sonreían alegres ante aquellas paredes repletas de naranjas brillantes, azules marinos y verdes intensos. Volvían a ser felices y volvían de nuevo a llenarse de colores.

Terminada la aventura, el abuelo Filomeno acompañó a Violeta a su casa. Pero cuando iban ya a despedirse, a Violeta le entró una duda muy grande:

– Abuelo, ¿y si los colores vuelven a marcharse un día?

– Si se marchan tendremos que volver a sonreír. Solo así conseguiremos que regresen

Y con su sonrisa de sandía, el abuelo Filomeno se dio media vuelta y continuó su camino a casa.

Anónimo

FIN

foto: slimber

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