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Pablito, hijo de un matrimonio acaudalado, estrenaba un coche deportivo de aspecto deslumbrante y muy costoso. Naturalmente, que eso a Pablito no le importaba  y disfrutaba yendo y viniendo por el pueblo. Querían que todos lo viesen bien y se enterasen de la cantidad de plata que tenía.

Como podras suponer Pablito era un conductor muy imprudente. Nunca respetaba los carteles de “PARE”; adelantaba en las curvas; iba siempre a mayor velocidad de la permitida y representaba un verdadero peligro para los demás autmovilístas, hasta el punto de que varios de ellos tuvieron accidentes por su culpa. Pero todo eso, a Pablito le daba igual. Aunque los policía le multaban con mucha frecuencia, eso a él no le quitaba el sueño, y seguía en las mismas. ¡Qué paguen las multas mis padres, se decía!

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Pero un día, Pablito tuvo su merecido. Iba como siempre andando a toda velocidad, cuando vio a una bella señorita, en el momento de que se disponía a cruzar la calle, y comenzó a silbarle, y a gritarle “GUAPA, te invito a pasear”  sin mirar lo que tenía delante, la dirección del coche se le fue y, antes de que pudiera reaccionar, Pablito se estrelló contra un árbol.

El no salió malherido, pero el coche quedó convertido en un acordeón. Por suerte sus padres reaccionaron ante esta situación:

–No pienso comprarte otro coche, Pablito. Ya has demostrado que no tienes, el mas mínimo sentido de la responsabilidad y, además, te has convertido en un peligro público. Así escarmentarás–le dijo su padre, encolerizado.

Amiguitos: Ojalá que Pablito haya escarmentado y comprendido, que en este mundo, no siempre uno puede hacer lo que le apetece. La vida y la salud de los demás, tienen el mismo valor que la de uno mismo.

Extraído: El libro de las Fábulas

1 comentario

  1. Jaja esta super el cuento con una enseñanza muy buena felicitaciones al que lo invento.

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