Un ratón vagabundo llegó a un remoto pueblo situado más allá de las montañas del Sol. Se extrañó de no ver más ratones allí. Calles desiertas, un silencio terrible y amenazador… Ratonín, que así se llamaba nuestro ratoncito empezó a sentir miedo. Presentía que allí se ocultaba un misterioso peligro.

Por fin tropezó con un colega suyo, al que preguntó:
—¿Por qué hay tan pocos ratones er este pueblo, amigo?
Este le miró fijamente y tardó un buen rato en contestarle:

—Veo que no sabes que éste es un pueblo de gatos. Ratón que apresan, ratón que va a la cazuela. Vigilan todos los almacenes de alimentos con doble guardia, de día y de noche.

Este le miró fijamente y tardó un buen rato en contestarle:
—Veo que no sabes que éste es un pueblo de gatos. Ratón que apresan, ratón que va a la cazuela. Vigilan todos los almacenes de alimentos con doble guardia, de día y de noche.

Ratonín gruñó de la impresión. Así que, aventuras me espera, ¿eh?
—Entraré en el almacén que se me antoje, compañero. Y si no lo crees, ven conmigo y atiende —prometió nuestro héroe con gesto solemne.

Cerca ya del almacén escogido, Ratonín hizo un ratón mecánico, le soltó hacia donde montaban guardia cuatro gatos, y esperó. Los gatos, nada más ver al ratón mecánico, se arrojaron sobre él, dispuetos a despedazarle.
Dejaron algunos dientes clavados en el metálico objeto antes de retirarse, desengañados.

Esta vez fue Ratonín quien les plantó cara. Fingiéndose otro ratón mecánico, se aproximó a la puerta del almacén. Los gatos, al verle, creyeron que volvían a gastarles otra broma, y le dejaron pasar.
Ya dentro del almacén Ratonín se dio el gran banquete. No sé si dejó algo para su incrédulo amigo…

Amiguitos: Sin duda que nuestro ratoncito, se puso una meta y en forma pacífica y con un gran ingenio la logró.

Extraído: Libro Distintas fábulas

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