Las cefaleas en la infancia tienen una alta frecuencia de aparición, dado que es un síntoma que acompaña a un amplio espectro de patologías: desde aquellas cefaleas que se presentan junto a un proceso infeccioso simple de vías respiratorias hasta aquellas consideradas graves como las que acompañan a un tumor cerebral. En un punto intermedio del espectro de posibilidades se encuentran las cefaleas primarias, entre ellas, la migraña y la cefalea tipo tensión son las más prevalentes en los chicos.

En los menores de seis años podemos encontrar cuadros de intensos vómitos, que pueden llevar al pequeño a un estado de deshidratación. En otros pacientes pueden darse episodios de importante dolor abdominal y llanto, o presencia de vértigos paroxísticos que se acompañan de vómitos
y miedo. Todos ellos exigen descartar previamente otras patologías para pensar entonces en que el pequeño sufre migraña.

Entre los seis años y el inicio de la pubertad suele ser difícil hacer un diagnóstico diferencial entre migraña y cefalea tipo tensión, ya que las características son muy similares en este grupo. El dolor de cabeza es frecuentemente bilateral, de carácter opresivo, que se acompañan con fotofobia – sonofobia (molestia a la luz y el sonido), y vómitos, con duración breve, comúnmente menos de 1 hora. Si la intensidad es severa, pensaremos en una migraña, pero si es leve o moderada, podríamos estar frente a una cefalea tipo tensión. De igual manera se tienen cuenta los antecedentes familiares de migraña como otra cuestión específica.

Entre los factores desencadenantes del dolor de cabeza en los niños, los más frecuentes son los malos o inadecuados hábitos de sueño y de alimentación y el estrés, el cual puede ser generado por exigencias escolares o por dificultades familiares y también por la realización de deportes competitivos.

Extraído: revista Ser Padres Fuente: Dra Noemi Tinetti, Directora del Centro Interactivo para la Saluda. Argentina

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