Es un error muy habitual recurrir a dietas milagrosas para perder esos quilos de más que hemos ido acumulando durante todo el embarazo. Sobre todo, si vamos de cara al verano cuando hay que ponerse los tirantes, los pantalones cortos y el traje de baño.

Además, durante el período de lactancia no es recomendable seguir ninguna dieta puesto que puedes privar al bebé de la alimentación necesaria que le vas a dar a través de la leche.

Cada año llegan nuevas modas y en la alimentación también. Revistas de belleza, la televisión o algún conocido, nos hablan de recetas milagrosas que te hacen perder muchos kilos en muy poco tiempo.

La famosa dieta del pomelo, la de la alcachofa, la mágica sopa comegrasas o ahora la Dukan, todas ellas cobran protagonismo en verano y, en muchas ocasiones, hacen que perdamos los kilos de más, pero también glucosa, agua y otros elementos esenciales de nuestro organismo.

Además, la milagrosidad de estas dietas es efímera, pues está científicamente comprobado que cuanto más rápido perdemos peso, más rápido lo recuperamos.

Mucha gente desconoce que con la pérdida de peso de forma rápida, se están perdiendo, sobre todo, líquidos y glucógeno, en lugar de grasa. Por ello, en cuanto volvemos a una dieta normal, aunque sea controlada y sin excesos, el cuerpo vuelve a recuperar todo aquello de lo que ha carecido durante la dieta.

Entre las dietas más famosas, se encuentra la sopa comegrasas, que consiste en tomar únicamente un sopa hecha de verduras que hace perder hasta 8 kilos en pocos días, un auténtico crimen para nuestro organismo.

Tampoco es eficaz la dieta alta en proteínas, ya que también contiene muchas grasas pero escasos minerales y vitaminas.

La dieta a base de frutas es de la más desequilibradas, dietas hipocalóricas que hacen perder sobre todo líquidos y el peso se recupera de forma muy rápida.

Las dietas restrictivas se basan en la ingesta de un solo alimento durante varios días, lo que puede provocar serios problemas de salud para nuestro organismo.

El cuerpo es muy sabio y, cuando le privamos de nutrientes y alimentos esenciales para su buen funcionamiento, nos da un toque de atención.

Es muy habitual, cuando se inicia una de estas dietas estrictas, que automáticamente sintamos una gran sensación de cansancio y falta de vitalidad. Cuando se está criando, necesitamos toda nuestra energía.

Por este motivo, médicos y nutricionistas desaconsejan las famosas dietas milagrosas, ya que entre los perjuicios ocasionados, se encuentra el insomnio, los dolores de cabeza, el debilitamiento de las uñas y el cabello, el agotamiento… También nuestro estado mental se ve afectado, por eso es muy común que las personas que llevan estas dietas severas, se muestren de mal humor o sufran un mayor nerviosismo.

 

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