Los bebés de menos de cuatro meses tienen una capacidad disminuida de excreción del sodio, porque son riñones son inmaduros y no pueden eliminar bien el exceso de sal. Por ello y para evitar posibles trastornos del metabolismo como la deshidratación y la sobrecarga salina, se aconseja utilizar aguas envasadas que tengan un bajo contenido en sales minerales. Además, algunas aguas embotelladas también pueden tener cantidades de nitratos, calcio y flúor que resultan inadecuadas para los lactantes.

Las aguas aptas para preparar el biberón, llevan en la etiqueta la leyenda “indicada para preparar alimentos infantiles”. Probablemente la matrona ya te habrá dicho en el curso de preparación que es imprescindible que prepares el biberón justo cuando vayas a dárselo a tu pequeño, porque la leche es muy propensa a contaminarse de gérmenes.

No se recomienda dejar un biberón a medias para otra vez ya que podría contaminarse. Si en la zona donde vives el agua es potable, no hay problema en utilizar agua del grifo para preparar el biberón de tu hijo. Eso sí, siempre hay que hervirla entre 1 y 5 minutos para eliminar las bacterias que pueda tener. Si tienes dudas sobre si el el agua de tu localidad es potable, no dudes en usar agua mineral.

Tendrás que prestar atención a la composición del agua, antes de comprarla, pues no todas son aptas para el bebé: elige siempre las de mineralización débil. Aunque la cloración a que se somete toda agua potable elimina las bacterias más peligrosas, algunos pequeños parásitos pueden «colarse» sin un filtrado adecuado, que en ocasiones no se realiza. De modo que hervir resulta imprescindible.

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