El momento del baño no solo es un momento dedicado a la higiene, es un momento mágico, en el que progenitores y bebes viven un momento de relajación, de contacto y de amor.

Y es que es uno de los momentos más adorables del día. Si hacerlo antes o después de la toma oirás todo tipo de teorías.

Yo siempre lo hacia antes de la última toma, preparaba su baño, comprobaba la temperatura del baño, introduciendo el codo, y muy relajada cogía a mi bebe y me preparaba para disfrutar.

Recuerdo los tres primeros días de mis dos hijos mayores berreaban como energúmenos, al notar el cambio,  así que decidí meterlos muy despacito para que no les impactara el cambio.

Al cuarto día, disfrutaban del baño como benditos. Con el pequeño no ocurrió nunca.

Siempre sujeta su cabecita con una de mis manos, les echaba agua suavemente sobre el cuerpo hasta que se relajaban del todo. Hablándoles constantemente con voz calmada y amorosa, les iba diciendo lo que iba a hacer.

Ahora te voy a lavar la cabecita, cogía la esponja y con un poquitín de jabón les lavaba la cabeza, ya quitarles el jabón les gustaba algo menos al principio, porque les inclinaba un poquito hacia atrás, hasta que terminaron confiando en mi.

Luego el cuerpo, axilas, tronco, entrepierna, piernas y pies, en el fondo era como un masaje relajante en el agua.

Ya terminado el aseo, tocaba el secado, con una toalla suave le frotaba el cuerpecito y no dejaba ni una sola de las arrugas de su pequeño cuerpo sin secar, para evitar posibles escoceduras u otros problemas relacionados con la humedad.

Luego llegaba el momento de la crema, para que tuvieran la piel sana e hidratada.

Como podreís ver, es un masaje intenso por todo el cuerpo con diferentes fases. Si le añades un tono de voz cordial, mucho amor, nada de prisas y tu propio disfrute, ¡cómo no se van a relajar!

Por eso la hora del baño debe de realizarse sin prisas, con relajación mental y para disfrutar.

Estar en total contacto con tu bebe, tocarlo, sentir que confía en ti, es …. indescriptible.

Ya vestidito, les daba de comer y caían como benditos.

Esta rutina la repetimos hasta que comenzaron a llorar por sacarles del agua, momento que aproveché para dejarles más tiempo e introducir algún juguete.

Un besito, Mury

 

 

 

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