Está el verde, el color de la esperanza. Cuando en el mundo de los colores las cosas se ponen mal, pero que muy mal, entonces llega el verde y les
dice a los demás:
—No perdáis la esperanza. Si no la perdéis, seguro que podemos cambiar las cosas.
Y al resto de los colores les entran de nuevo las ganas de luchar para mejorar el mundo.
Y el verde es así de divertido porque vive en la hierba, en los mocos de [email protected] niñ@s y en las crestas de [email protected] punkis.

Al amarillo le encanta alimentar a los demás. Sobre todo vive en el cereal. Lleva mucho tiempo mal repartido y últimamente muta con facilidad.

El color naranja, que es un color que da calor. Cuando el resto de colores tienen frío, van donde el naranja y vuelven a estar calentitos. Eso es porque el naranja vive en el sol.

El marrón, que lo pasa fatal porque siempre que ocurre algo malo en el mundo de los colores todo el mundo dice:
—¡Ha sido el marrón! ¡Ha sido el marrón!
Y el marrón estaba tan harto de comerse marrones que se fue a vivir al bosque. Ahora, cuando los colores están agobiados van con el marrón y se tranquilizan.

El rojo, que siempre se está metiendo en líos, líos políticos, líos de amor… vive en el corazón y en el sarampión.

El blanco y el negro, que siempre iban juntos, pegados culo con culo, se dedicaban a engañar a los demás.
«¡Que viene el blanco! ¡Que viene el blanco!», decían. Pero el blanco se daba la vuelta y… ¡era el negro a quien veían! O al revés.
Pero la verdad es que el blanco y el negro no engañaban a nadie, iban siempre juntos porque sabían que todo lo bueno contiene
algo malo y que todo lo malo alberga algo bueno. Igual que la sombra y la luz.

¡Ahh, que se me olvidaba! Quedaban dos colores: el rosa y el azul, que eran dos colores muy cariñosos, generosos, fuertes y valientes.
Pero al rosa le habían prohibido pensar y decidir, y al azul le habían prohibido llorar y tener miedo.

Y, por si fuera poco, al rosa le habían dicho: «Tú sólo jugarás con muñecas.» Y al azul le habían dicho:
«Tú sólo jugarás con la pelota.» Y resulta que al azul le encantaban las muñecas y el rosa se lo pasaba genial con la pelota

De manera que aprendieron a escaparse, a cambiarse los juegos, a poder llorar y a sentir el miedo, a poder pensar. Pero entonces llegaban los incoloros (la amargura les había borrado el color) y se dedicaban a fastidiar y a acosar al rosa y al azul.
—¡Tú, azul, no juegues más con muñecas! ¡Deja de llorar! ¡Y tú, rosa, deja ya el fútbol y deja de pensar!
Vete a casa a limpiar.
Y así muchos, muchos años, tantos años que siglos, y tantos siglos que milenios.

El rosa y el azul estaban asustados por los incoloros, cansados de no poder ser como les gustaba, hartos de que los trataran mal. Así que un
día decidieron escaparse. Al azul le entró mucho miedo:
—¡Nos van a pillar, nos van a pillar!
Pero el rosa le dijo:
—Que nooooo, no te preocupes, se me ha ocurrido una idea genial: vamos a mezclarnos. Si nos
mezclamos saldrá un nuevo color y nunca nos encontrarán.

Y fue así como salió el lila. Por eso el color lila es un color muy cariñoso y muy generoso, al que le encanta cuidar a los demás,
muy listo y muy valiente, que cuando tiene miedo llora y se le pasa, y además juega al fútbol, a las muñecas y a todo lo que le da la gana. Es por eso que el lila vive en todas las personas que eligen, libremente, vivir sus infinitas mezclas

 

Imagen: josamotril

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