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Una de las afecciones más frecuentes en los recién nacidos es el llamado “eccema del bebé”, conocido también como eccema seborreico. Suele aparecer entre el primer y el tercer mes de vida, y desaparece habitualmente antes de que el bebé haya cumplido los seis meses.

¿Cómo puedes reconocerlo?

Es bastante fácil de identificar: el pequeño presenta una inflamación de la piel, enrojecimiento o incluso zonas escamosas. El cuero cabelludo es la zona más afectada, pero en muchos casos se extiende por la cara, las aletas de la nariz, las cejas y los párpados. Se puede pensar que la inflamación de la piel provoca en el bebé un gran malestar, lo cierto es que el eccema seborreico es prácticamente asintomático: El enrojecimiento y la inflamación se deben, principalmente, al desequilibrio de humedad que se da entre el medio húmedo (intraútero) y el medio seco ambiental.

Aunque conviene acudir al dermatólogo para administrarle un tratamiento, lo cierto es que es una afección prácticamente asintomática, que casi no afecta al bebé. Está afección que afecta a uno de cada 50 bebés, no tiene ninguna repercusión en el desarrollo del bebé, por lo que no se puede considerar una enfermedad grave. Sólo en algunos casos, puede presentar alguna complicación, como por ejemplo en el caso de niños que estén siendo sometidos a un tratamiento con antibióticos, para combatir un proceso infeccioso; ello puede provocar una bajada de defensas y, como consecuencia, un crecimiento del eccema.

Buenos consejos:

En los casos más severos, el dermatólogo puede indicar un tratamiento con pomadas esteroides. Existen algunos remedios caseros que pueden aliviar al niño, como limpiar las costras del cuero cabelludo con aceite de almendras y un champú indicado por el pediatra, y aplicar compresas empapadas en agua de manzanilla.
 

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