Me encanta una buena fábula para niños y espero, que a ti también te guste. Los cuentos son maravillosos, pero es bueno que tu hijo lea diferentes cosas. En este caso una fábula leída o bien contada, transmitirá algo a tu hijo… ya que es el objetivo. En este caso el esfuerzo es el protagonista y la moraleja final. 

Esta fábula para niños, les enseña que no deben burlarse de los demás. También enseña que el exceso de confianza puede ser un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos. Al igual que ésta, existen otras fábulas estupendas que intentan transmitir otros valores importantes. Si tienes un hijo, es bueno que comiences a leerle cuentos e historias, desde pequeños.

niños leyendo
Fuente: David D.

El hábito de la lectura debe comenzarse desde pequeños. De esta forma lograrás también, que tu hijo se interese por más temas, que tenga curiosidad, que quiera aprender. Además los niños suelen aprender antes a leer y escribir. Enseña a tu hijo la importancia de los libros, los cuentos, las historia… Eso sí, debes escoger el tema según la edad que tengan. Aunque no todos los niños son iguales, algunos verás que están más desarrollados y pueden comprender otros temas antes, que otros pequeños. Esto no significa que unos sean más listos que otros.

Después de toda esta palabrería, te dejo con una estupenda fábula que seguro conocerás ¿quieres leerla? Aquí te dejo con ella. Puedes dejar que tus hijos la lean o bien transcribirla a un papel y contársela tu mismo. Por último te comento que es bueno leer a tu hijo, cuando esté en la cama. Seguro que ambos lo pasaréis genial, recuerda que estos momentos serán únicos entre tú y tu hijo.

Fábula para niños: La liebre y la tortuga

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa y vanidosa, que no cesaba de pregonar que ella era la más veloz y se jactaba de ello ante la lentitud de la tortuga.

– ¡Eh, tortuga, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu meta! Decía la liebre burlándose de la tortuga.

Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una inusual apuesta a la liebre:

– Estoy segura de poder ganarte una carrera

– ¿A mí? Preguntó asombrada la liebre.

– Sí, a ti, dijo la tortuga. Pongamos nuestras apuestas y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy ufana, aceptó. Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. El búho señaló los puntos de partida y de llegada, y sin más preámbulos comenzó la carrera en medio de la incredulidad de los asistentes.

Confiada en su ligereza, la liebre dejó coger ventaja a la tortuga y se quedó haciendo burla de ella. Luego, empezó a correr velozmente y sobrepasó a la tortuga que caminaba despacio, pero sin parar. Sólo se detuvo a mitad del camino ante un prado verde y frondoso, donde se dispuso a descansar antes de concluir la carrera. Allí se quedó dormida, mientras la tortuga siguió caminando, paso tras paso, lentamente, pero sin detenerse.

Cuando la liebre se despertó, vio con pavor que la tortuga se encontraba a una corta distancia de la meta. Salió corriendo con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: ¡la tortuga había ganado la carrera! Ese día la liebre aprendió, en medio de una gran humillación, que no hay que burlarse jamás de los demás. También aprendió que el exceso de confianza es un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos.

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