Ser bilingüe siempre es una ventaja, sobre todo en la época que vivimos en la que tan difícil es conseguir un trabajo. Aprender las bases de una lengua extranjera desde la infancia constituye una gran oportunidad. Por este motivo están en auge actualmente los colegios bilingües. Asimismo, sería una gran ventaja que el padre hable un idioma y la madre otro diferente. Los estudios de pedagogía confirman que crecer con una segunda lengua, favorece la apertura mental. Sin embargo, hay varias actitudes que pueden entorpecer el desarrollo lingüístico del niño.

Los especialistas afirman que no es conveniente  hablar al niño mezclando las dos lenguas. Los estudios revelan que la mejor técnica para educar a un niño bilingüe se llama OPOL (One person, one language, es decir, “una persona, una lengua”). Significa que tanto la mamá como el papá deben hablar a su hijo en su lengua materna. Si el papá es francés y la mamá española, por ejemplo, lo ideal es que el padre siempre le hable en francés y la mamá siempre en castellano. Entre ellos pueden utilizar la lengua que prefieran pero a la hora de dirigirse al pequeño lo deben hacer cada uno en su lengua. Así se le facilita al niño el trabajo de identificación lingual.

Es sabido que los niños pequeños pueden aprender un idioma más rápido y más fácil que los adolescentes o los adultos, por eso no es mala idea hablarlo en casa, ya que mientras más escuchen y usen un idioma, más rápido lo aprenderán. Los niños ofrecen menos resistencia a entender mensajes sencillos en otros idiomas y a reproducirlos poco después, así como a imitar otros sistemas fonológicos.

No debemos preocuparnos si, de vez en cuando, el niño mezcla las dos lenguas: es una fase del aprendizaje absolutamente normal y pasajera. Cuando el pequeño amplíe el vocabulario en ambas lenguas, será capaz de expresarse en cada una de ellas de forma correcta.

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