La importancia del ácido fólico durante el embarazo

El ácido fólico o vitamina B9, es una sustancia que ayuda a la producción y mantenimiento de células nuevas en nuestro organismo, algo vital para el desarrollo del ADN. Esta vitamina B9, también actúa de forma conjunta con las vitaminas C y B12, ayudando a la formación de la proteína hemo, responsable del hierro.

Como ocurre con todas las vitaminas B, son primordiales para el correcto funcionamiento del sistema nervioso y el cerebro. Además de todo lo comentado, durante el embarazo, el ácido fólico tiene la función de proteger el feto, contribuyendo a la correcta formación del cerebro y la médula espina. También evita otros tipos de problemas de nacimiento, así como los abortos prematuros.

¿De dónde podemos obtener el ácido fólico o vitamina B9?

El ácido fólico o folato, se encuentra en numerosos alimentos que deben incluirse en una dieta sana y equilibrada: Principalmente en verduras de hoja verde como espinacas, berros, rúcula, brócoli, canónigos o alcachofas, pero también en cereales integrales como la avena, el arroz o la quinoa, frutas como el aguacate, plátano o papaya y por último, semillas y frutos secos, que además son de un gran aporte adicional de ácidos grasos – nos comenta Laura Lázaro, responsable de marketing de Lansinoh España.

Además de incluir alimentos ricos en ácido fólico en nuestra dieta, se suele recomendar la toma de suplementos para garantizarnos llegar a los niveles recomendados, especialmente si se planea un embarazo. Su ventaja es que a diferencia de lo que ocurre con los alimentos ricos en esta vitamina, el organismo absorbe el 100% de la cantidad de ácido fólico cuando lo tomamos en suplementos. Esto se debe a que los alimentos pierden ácido fólico con la cocción y otros procesos. Aunque puede variar en función de las necesidades individuales de cada mujer, por lo general se suele aconsejar la ingesta de 400/500 microgramos de ácido fólico al día y dentro de una dieta saludable y equilibrada. Se recomienda ingerirlo en ayunas, para que su absorción por el organismo sea mayor.

¿Cómo detectar un déficit de ácido fólico?

La forma más segura de saber si tienes el ácido fólico bajo es mediante un análisis de sangre. No obstante, hay una serie de síntomas que pueden alertarte para que te plantees si necesitas un suplemento de esta vitamina. Los principales son:

  • Dolores de cabeza y mareos
  • Palidez extrema en la piel
  • Náuseas, vómitos y diarreas
  • Falta de concentración y pérdida de memoria
  • Sensación permanente de cansancio y tensión muy baja
  • Irritación y dolores corporales

El déficit de ácido fólico puede aparecer como consecuencia de un consumo excesivo de alcohol, cocer demasiado las verduras (lo que elimina sus vitaminas), tener una dieta poco saludable o ser celíaco, puesto que la celiaquía impide su asimilación por parte del organismo, entre otras causas. No importa cuál haya sido el origen, lo importante es detectar el déficit a tiempo y remediarlo.

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