La aplicación de las técnicas que a continuación señalaremos depende esencialmente de las condiciones obstétricas de la embarazada, principalmente de la madurez que presente el cuello del útero en el momento de la inducción y de la urgencia por acabar la gestación. La inducción de parto es una conducta no exenta de riesgos. Por ello deberá realizarse en régimen de ingreso hospitalario y con la previsión de medios adecuados para la finalización inmediata del embarazo si la evolución así lo precisara.

Existen tres procedimientos para la inducción de parto:

  1. Maniobra de Hamilton. Se realiza a través de un tacto vaginal. Su eficacia no ha sido bien establecida. Entre los riesgos asociados a su aplicación se incluyen la infección por ascenso de gérmenes desde la vagina, la rotura prematura de membranas por la presión del tacto, la hemorragia en casos de placenta baja y la aparición de dinámica uterina excesiva e incontrolada.
  2. Rotura de las membranas. Permite evaluar las características del líquido amniótico. Es un procedimiento eficaz que habitualmente se combina con la administración de medicamentos para  provocar contracciones. Entre los riesgos asociados se encuentran el aumento de riesgo de infección por ascenso de gérmenes desde la vagina hasta la cavidad uterinay la posibilidad de que el cordón umbilical protuya a través de la dilatación del cuello hacia la vagina, comprimiéndose por un posterior acoplamiento de la cabeza del feto contra el cuello.
  3. Administración de medicamentos que estimulan la actividad contráctil del útero. Se emplean esencialmente dos sustancias: oxitocina y prostaglandinas. La oxitocina se administra por vía endovenosa, provocando contracciones en función  de la dosis administrada. En cuanto a las prostaglandinas, se administran por vía vaginal y persiguen, más que provocar contracciones, madurar el cuello del útero para hacerlo más favorable para un parto vaginal. Su administración no es simultánea con la de oxitocina.

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