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Cuando un niño empieza a hacerse mayor, decide qué juguete es el que más le gusta. En alguna ocasión hemos escuchado que un niño que recibe un regalo complejo, a veces, se entretiene más con el envoltorio que con el propio regalo. Esto es debido a que si son muy difíciles para ellos, la cosa deja de interesarles y es que es normal ya que los juguetes tienen la función de entretenerles y no hacerles pensar. Por ello, los juguetes más sofisticados suelen ser los menos atractivos para ellos.

Los juguetes que suponen un reto para la inteligencia del bebé se convertirán enseguida en favoritos, siempre y cuándo éste pueda entenderlo y superarlo. Si el bebé falla pero luego acierta, es probable que siempre acuda a este juguete. El niño no tiene como objetivo ganar o perder sino pasar el rato entretenido. A medida que el niño crece, se irá sintiendo más atraído por los juguetes complejos. Cuando se va haciendo mayor los juguetes que impliquen movilidad se vuelven en interesantes para ellos. La movilidad se convierte en una obsesión y el bebé se emociona explorando el mundo con juguetes con ruedas, como los triciclos o los coches de pedales.

Los juguetes sencillos con formas diferentes son atractivos para los niños que tienen un año en adelante. Los rompecabezas muy sencillos suponen un reto y mejorar la familiaridad del bebé hacia formas irregulares. Los instrumentos sencillos que el bebé puede tocar o presionar para crear una escala musical también tienen cierto atractivo, pues ve el resultado de sus acciones con sonidos divertidos. En definitiva, antes de comprarle un juguete a nuestro niño, debemos tenerlo muy claro.

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