Algunos niños tienen la costumbre de formular una pregunta tras otra sin dejar transcurrir un segundo entre pregunta y pregunta, otros exigen respuestas que los padres no tienen en ese momento o utilizan las preguntas para llamar la atención de los padres. El niño pregunta porque tiene necesidad de aprender y conocer. No necesita respuestas muy elaboradas, sino que le ayuden a comprender el mundo que le rodea.

Cuando son muy pequeños, las preguntas más frecuentes son muy sencillas, por ejemplo ¿Esto qué es?, ¿Quién es éste?, ¿Porqué llora el niño?, etc…En estos casos se deben dar respuestas sinceras y verdaderas, pero evitando dar más información de la que necesita para su edad.

De los 4 a los 6 años, es cuando empieza a entender la relación causa-efecto, y sus preguntas van en esa dirección. Por ejemplo ¿Por qué se ha muerto la abuela?, ¿Por qué hay tanta agua en el mar?, ¿Por qué tienes que trabajar. Se aconseja que las respuestas tengan cierto fundamento y que estén adecuadas a las características y desarrollo del niño.

A la hora de responder es muy importante tener en cuenta el nivel de comprensión y vocabulario del niño. Es aconsejable responder a todas las preguntas que haga el niño y estar siempre predispuesto a hablar y conversar con él.

Hay una serie de pautas que pueden ser útiles para afrontar la etapa del “por qué” de forma adecuada:

  • Atiéndelo siempre.
  • Escúchalo y respóndele.
  • Charla con él.
  •  No permitas que te desafíen. Ante determinadas preguntas conviene evitar dar excesiva información, sobre todo cuando el niño hace preguntas en tono desafiante.

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