Cuando el niño sufre gastroentiritis es fundamental que tome suficientes líquidos con el fin de reponer líquidos perdidos a causa de los vómitos o la diarrea. Cuanto más pequeño es el niño maor el riesgo de deshidratación. En consecuencia, los papás deberán darle a menudo agua, aunque sólo sean pequeños sorbos. Si el niño toma el pecho, la mamá podrá ofrecérselo con más frecuencia. En cambio, si tu bebé es mayor no le des bebidas con gas o bebidas azucaradas.

En la alimentación tendremos que utilizar nuestro sentido común. Debemos evitar los fritos, las grasas y los platos muy condimentatos. Lo importante es que consuma líquidos, si hay ratos en los que no tiene hambre, no le obligues, no pasa nada, ya tendrá hambre. Para saber si está bien hidratado nuestro hijo debemos observar el número de veces que hace pis, la ausencia de lágrimas cuando llora y un estado de postración muy acentuado. Si es así, debemos ir al pediatra y comunicárselo. Quizá lo mejor en este caso es ingresar al niño para rehidratarlo.

La gastroentiritis vírica se cura sin fármacos, sóla, de forma espontánea. Si la temperatura supera los 38 grados se tomará un paracetamol, pero antes de nada se recomienda consultarlo todo con el pediatra. No debemos automedicarlo nunca, siempre hay que consultar antes con el médico. El pediatra le hará una prueba en las heces para ver la presencia de rotavirus. El rotavirus es la causa más común de la diarrea severa en neonatos y niños pequeños. Es uno de los varios virus que a menudo causan las infecciones denominadas gastroenteritis. Es sumamente contagioso, y la mayoría de los niños se infectan antes de los 2 años de edad. El bebé puede contagiarse con el rotavirus en cualquier época del año.

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