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LO QUE COMEMOS INFLUYE EN NUESTRAS CAPACIDADES

Para mantener el cerebro en un punto óptimo de funcionamiento es importante seguir una alimentación equilibrada, rica en proteínas, vitaminas, especialmente del grupo B (carnes, lácteos, huevos, legumbres, cereales integrales), las que tienen gran poder antioxidante, como la vitamina C (naranja, kiwi, tomate, pimiento) o la vitamina E (huevo, aceite de oliva, pan integral, vegetales de hojas verdes), la vitamina A (zanahorias, albaricoques, melón , huevo), y minerales como el calcio (lácteos, hortalizas frescas, sardinas, salmón…), el magnesio (leche, carne, pescado, arroz integral….) y el cinc (maíz, carne, huevo, nueces, alubias….).

DIVERSOS ESTUDIOS LO DEMUESTRAN

Mejorar los hábitos alimenticios infantiles trae consigo un aumento de la puntuación en los test de inteligencia. En cambio, el déficit de minerales y vitaminas típico de una dieta inadecuada reduce la capacidad para pensar.

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