EL ESTRES

 Segunda parte. El estrés en los niños. Consecuencias y importancia.

El estrés tóxico baja la calidad de vida y perturba emocional y físicamente a los niños que lo padecen.Es un sufrimiento que debilita emocionalmente, agotando las reservas y físicas. A las personas sometidas a estrés crónico se les daña el ADN de las células del sistema inmunológico, bajan las defensas, envejecen las arterias, pierden neuronas y se vulnerabilizan para cualquier tipo de padecimiento físico o psicológico. Investigaciones llevadas a cabo en Estados Unidos dicen que uno de cada tres niños padece de estrés,

Los pediatras concuerdan en que cada vez es más frecuente encontrar niños con cefaleas tensionales, dolores sin causa conocida y múltiples malestares físicos sin causa orgánica detectable. Otro hallazgo sorprendente  investigactón ha sido que la mayor parte de los padres de estos niños ni sospechan qué es lo que les pasa. Subestiman los malestares, o los adjudican a otros motivos y motivaciones. Muchas veces los padres ignoran el grado de preocupación de sus hijos, cuán solos se sienten muchas veces, cuánto les cuesta dormir bien y lo mal que se sienten.

Sólo saben que han empezado a quejarse repetidamente de síntomas físicos sin causa orgánica aparente: dolores de cabeza, dolores de barriga. A veces están más inquietos, agitados, con malhumor y aún agresividad. Inexplicablemente pierden el interés en algunas actividades, bajan su rendimiento, parecen desinteresados, les cuesta concentrarse. A veces se dedican excesivamente a las tareas escolares, dedicándoles mucho tiempo y esfuerzo, pero los resultados ni son acordes ni justifican semejante sacrificio.

A veces empiezan a manifestar comportamientos transgresores como mentiras o pequeños robos. Otra faceta peligrosa del cuadro de estrés tóxico es que muchos de sus síntomas, de su signos de alarma no son muy visibles. Sólo el niño percibe sus “nudos” en el estómago, sus palpitaciones, la sensación nauseosa y la indeseada humedad de sus manos en algunas situaciones. Le cuesta dormirse y luego la calidad de su sueño es mala.

 Al otro día se siente cansado, desganado y nervioso. No es raro que sus padres, apremiados por la rutina cotidiana, no reparen en estas señales o las consideren manifestaciones normales de malhumores transitorios. Más aún
cuando la mayoría de los niños que padecen estrés no expresan verbalmente su malestar, no buscan claramente ayuda ni consuelo.
Simplemente padecen y siguen adelante.

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