bebe

La piel es el órgano más extenso del cuerpo del bebé, así que, es importante para su bienestar. No sólo actúa como una capa protectora de los demás órganos, sino que también tiene un papel psicológico. Al tener tantas terminaciones nerviosas, sensibles al tacto, la piel suele responder a todas las formas de contacto corporal. El abrazo de su mamá, prendas suaves, caricias… Está demostrado que aquellos adultos que no recibieron cariño cuando eran niños, son personas más agresivas que personas que sí recibieron cariño. También se sabe que las niñas son más sensibles al tacto que los niños.

El contacto corporal constante hace que los niños lloren menos y que estén más sanos. Incluso, los bebés que reciben más mimos son más inteligentes, ya que estas experiencias sensoriales ayudan a estimular el desarrollo cerebral. La piel del bebé es más sensible y mas fina que la del adulto. También es menos grasa y menos sudorosa, entre otras cosas. Hasta que el niño desarrolla una piel más resistente, pasan varios años… que sus padres deberán cuidarle bien. La capa externa de la piel, la epidermis, es fina y frágil pues las células aún no están unidas. Esto quiere decir que es probable si se forman irritaciones.

Aunque el recién nacido posee glándulas sudoríparas, el sistema nervioso que las controla y regula aún no está desarrollado. Como resultado, el bebé no puede utilizar esas glándulas cuando empieza a calentarse. Por ello, corre riesgo si hace mucha calor. Las demás glándulas, empiezan a activarse con el paso de los meses. En definitiva, la piel de un bebé es mucho más delicada, vulnerable y sensible que la de un adulto y por ello requiere de un cuidado especial.

 

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