Hay muchas guarderías que tienen el servicio de web cam disponible, para que los padres puedan observar el funcionamiento de las aulas, el comportamiento de sus hijos y la atención de los cuidadores.

En principio, este servicio puede hablar a favor de la escuela o centro pues nos está indicando que no tienen nada que ocultar, se muestran transparentes e infunden confianza a los padres.

Por supuesto, el centro debe garantizar la seguridad y ofrecer las imágenes únicamente con acceso restringido, con nombre de usuario y contraseña personal para los padres, limitando el acceso al lugar donde se encuentren sus hijos y no a otras aulas. Las instalaciones de cámaras en centros escolares, es un tema tratado por la Guía de Videovigilancia, de la Agencia Española de Protección de Datos y debe seguir las indicaciones tratadas en el Ley Orgánica de Protección de Datos.

En cuanto a las preferencias de los padres respecto a que las guarderías dispongan de web cam, hay quien prefiere cambiar de guardería por este hecho, ya que consideran que es una vulneración de los derechos a la intimidad. Muchas personas tienen ciertos reparos a que las imágenes puedan estar disponibles en la red, aunque sea con acceso restringido y tienen mayor recelo de su intimidad y la de sus niños pues, aunque la cámara está para que cada padre vea a su hijo, es inevitable que otros padres puedan seguir también los movimientos de los demás compañeros.

Para otros padres es un gran alivio pues el poder ver el comportamiento de sus niños en la guardería, así como el tratamiento que reciben por parte de sus cuidadores, es, además de tierno y entrañable, también una garantía de que están siendo bien atendidos.

Este hecho también puede suponer un inconveniente puesto que la disponibilidad para observar al niño hace que se cree cierta dependencia, incluso obsesión por hacer una vigilancia constante. Además, también puede crear cierta impotencia. Una madre me contaba que ella se pasaba las horas mirando a su bebé a través de la web y que un día, vio cómo se tropezaba y caía de bruces. Hasta que la monitora pudo ir a atenderlo, a la madre se le hicieron los segundos más largos del mundo.

También está la opción de que el centro ofrezca ese servicio pero los padre no quieran nunca hacer uso de él aunque, si se tiene la posibilidad de hacerlo, resulta francamente difícil no conectarse alguna vez para observar al pequeño en su guarde. Y a quien dice que, si lo haces una vez, lo harás más veces.

 

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