El verano es sinónimo de sol, playa, horas interminables de juegos, pero también puede serlo de noches sin dormir por culpa de quemaduras, diarreas o alergias. Durante estos meses estamos más expuesto a determinadas molestias. ¿Qué podemos hacer para prevenirlas?

 

La piel hay que mimarla durante todo el año, pero es especialmente en verano cuando hay que someterla a una protección intensiva porque el calor y los rayos solares son los agentes que más la hacen sufrir y debilitarse. Cuando tomes el sol, utiliza suficiente protección solar y evita las horas centrales del día.

La humedad es el caldo de cultivo para la proliferación de los temidos hongos. En verano la sudoración y un incorrecto secado de los pliegues de la piel provocan la aparición de esta infección. Uno de los hongos más desagradables y contagiosos que hay es el ‘pie de atleta’, muy habitual en verano debido a las altas temperaturas, la humedad y al hábito de andar descalzos en piscinas, duchas públicas o incluso por la calle. Suelen localizarse entre los dedos de los pies, en la planta y el dorso, produciendo escamas, fisuras dolorosas, rojeces, mal olor, incluso alteraciones en las uñas, además de un gran picor.

niña

Te recomendamos que no andes nunca descalza en piscinas, duchas o cualquier lugar público, que laves y seques bien tus pies y que utilices calcetines finos. Por supuesto, no utilices calcetines o calzado de otra persona.

La llegada del buen tiempo y las vacaciones, también implica un cambio brusco en los hábitos alimenticios. Los descuidos, comer fuera de casa, la falta de higiene y la mala manipulación de los alimentos son las causas principales de las alteraciones gastrointestinales en verano.

También son muy común en los niños, los cortes de digestión, casi siempre causados por no respetar el período de la digestión.

Las intoxicaciones alimenticias también aumentan en verano, debido a que las bacterias, que están presentes en el suelo, aire, agua, incluso en los animales y en la gente, crecen más rápidamente con el calor y la humedad.
Ten cuidado con la carne en general, especialmente con el pollo, la leche (sin pasteurizar) y los productos lácteos, el huevo y sus derivados. También con el agua, los crustáceos o las verduras mal lavadas. El típico “dolor de tripa” no es una enfermedad grave, pero sí muy molesta. Aunque en niños puede tener consecuencias más graves por la deshidratación que ocasiona.

La solución pasa por mantener los alimentos sanos en el verano. No olvides lavarte las manos con agua y jabón antes de manipular los alimentos y recuerda a tus hijos que también lo hagan antes de sentarse en la mesa. Cuando pongas los alimentos en una nevera portátil para llevar, envuelve las carnes herméticamente para evitar que los jugos de las carnes crudas entren en contacto con los alimentos que están listos para comer. Y algo importante, si tienes una mínima duda del buen estado de algún alimento ¡tíralo!

Dejar una respuesta