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Las primeras horas del recién nacido son emocionantes. Por fin, después de nueve meses conocemos a la persona que llevábamos dentro. Empezamos a tomar contacto y nuestras emociones afloran. Durante las dos horas siguientes al nacimiento, tu bebé estará probablemente en un estado de alerta y quietud al mismo tiempo. Estará tranquilo, y con su mirada clavada en tus ojos. Este es un momento maravilloso de vículo y es ideal para comenzar con la lactancia. No todas las madres pueden dar de mamar en ese momento, si no es así, no te preocupes, el hospital se encargará de darle biberones hasta que estés preparada. Las mujeres que tienen un parto por cesárea, son más propensas a no tener leche hasta pasados unos días.

Lo primero que hay que hacer es colocar al bebé sobre el vientre o el pecho de su madre en contacto piel con piel. Esta maniobra tan sencilla aporta múltiples beneficios, ya que está demostrado que favorece el proceso de vinculación temprana entre madre e hijo y una mejor instauración de la lactancia materna. Además, también contribuye a la estabilidad cardiorrespiratoria del bebé y a la regulación de su temperatura. Si el estado de salud del niño y de la madre lo permiten, se recomienda no separarles en unas dos horas. En estos primeros momentos de vida, el bebé recibe una importante descarga de adrenalina que le mantiene en estado de alerta y activa sus sentidos.

Después de esas primeras horas de incertidumbre, generalmente los recién nacidos entran en un periodo de descanso. Hay que saber que los recién nacidos suelen dormir en periodos cortos, poco profundos, que se despiertan a menudo y demandan el pecho.

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