Uno de los mitos más difundidos sobre el embarazo es que la forma del vientre de la futura mamá permite saber si el bebé será niño o niña. Te explicamos qué hay de cierto en esta leyenda popular.

Siempre se ha dicho que si la embarazada tiene la barriga puntiaguda, espera un niño. En cambio, si el vientre es redondito, indica que tendrá una niña. La tradición popular siempre ha asociado la forma de la barriga con el sexo del bebé. Sin embargo, esta afirmación no tiene ningún fundamento científico. Hasta ahora, nadie ha podido demostrar científicamente qué hay de cierto en esta afirmación.

La forma del abdomen puede ser distinta de una mujer a otra, pero por motivos muy diversos, que no tienen nada que ver con el sexo del bebé. Las madres primerizas, en general, presentan un vientre más puntiagudo. En cambio, a partir de la segunda gestación, la barriga tiene un aspecto más redondeado, ya que los músculos del útero y del abdomen se encuentran más relajados y sostienen con menor eficacia el aumento de volumen.

La forma del vientre también depende de la pelvis: si es de constitución estrecha, la barriga tenderá a sobresalir y a tomar su característica forma puntiaguda. Lo mismo se puede decir si la embarazada tiene los músculos abdominales muy tónicos por naturaleza o practica algún deporte.

La forma de la barriga también está influenciada por la altura: si la futura mamá es de estatura más bien baja, es más fácil que tenga un vientre redondeado y poco salido.
Del mismo modo, suele decirse que las mamás que resplandecen de forma evidente durante las primeras semanas del embarazo darán a luz a niños, mientras que aquellas que sufren de espinillas, cambios en la piel relacionados con un desajuste hormonal, o irradian menos belleza llevarían en su interior una niña, ya que, según se cree, éstas roban un poco de la belleza de sus madres durante el embarazo.

El ritmo de los latidos del corazón es otro signo inequívoco que, según la creencia popular, permite distinguir con certeza el sexo del bebé: mientras que las niñas presentarían un latido fuerte, superior a las 140 pulsaciones, los varones se mostrarían más calmados, con un promedio algo inferior. Igualmente, las mamás que sufran de caprichos o antojos dulces tienen más probabilidades de tener una niña que aquellas que se prefieran un bocado salado o amargo.

Todas estas leyendas urbanas se transmiten de generación en generación, de abuelas a nietas, de madres a hijas…

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