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Es fácil mimar la cabecita de tu bebé pero también hay que cuidar su cerebro. Para desarrollarse adecuadamente, el cerebro necesita alimento físico y experiencias. El alimento que se recomienda en los primeros meses de vida es la leche materna ya que favorece la mielinización de las neuronas. El contacto corporal del bebé con su madre mientras mama es tan importante para el cerebro como el alimento físico. Si no le damos el pecho, sea por la razón que sea, sí podemos favorecer el contacto durante la alimentación, que tanto favorece su desarrollo.

Cuando nuestro hijo deje de ser lactante, debemos seguir cuidando la calidad del alimento que come: evitar productos refinados, azúcares y sal, y optar por una alimentación lo más natural posible. Las experiencias que vive el bebé favorecen las conexiones neuronales, tanto para establecer procesos físicos como psicológicos. No olvidemos que el cerebro es también el continente del desarrollo psicológico de nuestro pequeño.

Es importante, en este primer año de vida, ofrecerle un ambiente rico en estímulos, lo que no quiere decir hiperestimulación. Sus neuronas están predispuestas a establecer conexiones, pero si el bebé no las utiliza hacia los 2 años tiene lugar una poda en la que pierde las neuronas que no ha usado. En los seis primeros meses de vida, la estimulación más eficaz es, sobre todo, a través de los sentidos y la piel. A partir de ese momento, cobra más importancia el movimiento. Permitir que se desplace con libertad, dejarle mucho tiempo en el suelo, es una fuente de estímulo de un enorme valor.

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