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En ocasiones, sobre todo si es nuestro primer hijo, solemos consentir a nuestro niño. Sin darnos cuenta, le damos todos los caprichos que pida para que esté contento y no sabemos que esto le perjudicará a la larga. La mayoría de veces, sólo son pequeños detalles con los que así se evita escuchar sus lloros y rabietas, y se logra una convivencia más tranquila en en hogar. A veces preferimos no complicarnos la vida pero lo cierto es que no frustrar a nuestros hijos es malcriarlos, convertirlos en unos consentidos.

Lo que debemos hacer es dar prioridad al descubrimiento y señalización de las habilidades y capacidades del pequeño. Utilizar un lenguaje amable y alentador y así formaremos a un niño con identidad segura, objetiva y con sentido de voluntad. No cabe duda de que negar a un hijo aquello que desea en cada momento no es de agrado para nadie. Sin embargo, la frustración debe formar parte del aprendizaje general del niño. Los padres deben tener en cuenta que si siempre hacen lo que el niño quiere están fomentando que en el futuro sea una persona intolerante, y no sabrá lo que es esforzarse para lograr algo.

Una de las mejores formas de ayudar a su niño a tener más éxito es que se dé cuenta que el mundo no gira a su alrededor. Está demostrado que los niños que aprenden ciertos hábitos rinden más, tienen menos problemas de conducta y son más felices. Y así será para el resto de la vida. Por ello, lo mejor es enseñarle valores aunque tengamos que soportar alguna que otra rabieta.

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