De un tiempo a esta parte, los portabebés se han convertido en un complemento indispensable para llevar a nuestros bebés.

De hecho, cada vez son más ergonómicos y están realizados con diferentes materiales a favor de la comodidad del bebé.

Para muchos padres, el portabebés no es sólo una alternativa al carro, sino toda una forma de vida.

Desde la antigüedad, muchas madres han cargado a sus bebés encima mientras realizaban otras muchas tareas, desde lavar la ropa en el río hasta cargar un montón de bultos de un lugar a otro.

Sin duda, la mejor manera de realizar cualquier actividad con un niño pequeño, es teniendo las manos libres y si tienes que ir empujando un carrito, es harto difícil.

Sin embargo, los defensores de los portabebés, más que una cuestión práctica apuntan una filosofía, una manera de cuidar al bebé y sentirlo más próximo.

A algunas mamás, el uso del carro les parece algo incómodo, tanto para ellas como para el bebé, peligroso y antinatural para los niños. Llevándolos encima los bebés se sienten más seguros, están en continuo contacto con la madre o el padre, llevan su mismo ritmo, comparten sus mismos movimientos. Al estar cuerpo con cuerpo, tienen más facilidad para protegerlos, para resolver cualquier imprevisto, para defenderlos de cualquier agente. Los niños que van en el carro, aunque parezcan más protegidos por el propio armazón del carro, están expuestos a más peligros. Cuando cruzamos una calle, por ejemplo, el primero que asoma siempre es el carro, por lo que si viniera un coche a gran velocidad, es el carro el que recibe el primer impacto.

Los defensores de los portabebés, también argumentan que al llevar a los niños siempre tumbados o reclinados en las sillitas, hacemos que se les deformen las cabecitas, mientras que al llevarlos en los portabebés, no sufren roces innecesarios que afectan a su estructura craneal todavía no formada.

 

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