El bebé recién nacido está protegido de forma natural contra las infecciones del mundo exterior. Su sistema inmunológico le protege y también la inmunidad de la sangre materna mientras está en el útero. Si el niño toma leche materna, aún tendrá más inmunidad gracias a los anticuerpos de la leche materna. La protección materna no dura para siempre, sólo durante los primeros meses. A partir de entonces, el sistema inmunológico del niño desarrolla sus propias defensas para combatir las enfermedades o infecciones. Existen también vacunas protectoras que ayudan al bebé a resistir algunas enfermedades.

Durante los dos primeros años de vida, el bebé necesita cinco o seis vacunas. Algunos bebés sufren los efectos secundarios de éstas. Pero los beneficios son mayores que los riesgos, por eso los papás y las mamás prefieren vacunanarles. Una vacuna está preparada para eliminar las bacterias que provocan una enfermedad. Actúa como si existiera la enfermedad y hace que las defensas produzcan anticuerpos. Una de las vacunas más nuevas del mercado es la llamada “vacuna múltiple” que protege al bebé contra la difteria, el tetano, la tos ferina, la haemophitus influenzae y la polio. Al parecer, hay quienes consideran que ésta es peligrosa ya que sobrecargan el sistema inmunológico del bebé.

El bebé humano es fuerte, se cura con rapidez y goza de un sistema inmunológico resistente. Sin embargo, tarda mucho tiempo en desarrollar la sensibilidad o las capacidades motrices necesarias para estar seguro en su entorno. El bebé debe aprender a evitar las lesiones basándose en su experiencia. Aunque haya momentos en los que sufran llantos repentinos por alguna que otra caída… ésto le ayudará a hacerse más fuerte.

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