Solo los que lo sufren, saben el desvelo que supone tener niños que no comen. Y no siempre es fácil acertar con la técnica para cambiar esta tendencia y lograr que un niño que mueve la cabeza sin parar,ante determinados platos de comida, termine llevando una dieta variada y saludable.

Me ha convencido la explicación de Jesús Garrido, pediatra y autor de “Mi pediatra on-line” (www.mipediatraonline.com) que afirma que no todos los niños que tienen el sambenito de malcomedores en efecto lo son. Su experiencia atendiendo pequeños y a sus familias le indica que muchas veces se trata simplemente de niños que no comen según los parámetros que tienen los padres, sin que esto quiera decir que se estén comiendo poco o mal.

Niño comiendo

Sin embargo, sí reconoce que llegan muchos casos a la consulta de menores que han terminado descartando de su dieta alimentos absolutamente necesarios. Seguro que te viene a la mente más de un nombre.

Y ¿qué podemos hacer los padres ante este tipo de situaciones? Él lo tiene claro y creo que tiene toda la razón. Para empezar, ser conscientes de que nuestra mejor arma es el hambre; en segundo lugar no dejándonos llevar por la pena y por último, convenciéndonos de que jamás debemos ofrecer un sustituto cuando nuestro hijo rechaza comida.

Es decir, a las comidas hay que llegar con hambre y para ello lo mejor es que desde pequeños nos habituemos a no picar  entre horas. Cuando un niño se niega a comer “lo que toca” debemos mantenernos firmes en la actitud de no ofrecer un yogur o pan para completar. De este modo en lugar de favorecer la variedad de alimentos que nuestro hijo come, estamos sentando las bases para que su dieta quede reducida a arroz, pasta y carne con patatas.

Me gusta que Jesús Garrido rechaza forzar u obligar a comer; sin embargo, recomienda la firmeza en las tres claves de las que he hablado antes. De este modo será el propio niño el que poco a poco irá comiendo lo que le ofrecemos y descubriendo no solo lo que le apetece, sino también lo que le conviene.

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