lavarlas manos

Continuamos enumerándote las lecciones sobre higiene, con mucha paciencia enseñarás a tu pequeño, sus manitos, y los famosos mocos

  • Manos limpias

A mi hijo le encanta acariciar cuanto perro ve por la calle y no entiende por qué mamá insiste en que se le ensucian las manos si él las sigue viendo limpias. Para los chiquitos no es fácil comprender que los virus que causan los resfrios y la gastroenteritis se pueden transmitir por esta vía. Probemos a explicárselo, por ejemplo, rociando sus manos con agua y después juntando nuestras palmas con las suyas. Al separarlas, nuestras manos también estarán mojadas. Las gotitas de agua visibles son los gérmenes (bichitos), y para eliminarlos hay que usar agua y jabón (y un cepillito para los que se esconden bajo las uñas).

Aprovechemos para decirle que esta acción deberá repetirla varias veces al día: siempre después de usar el inodoro, antes de comer, al volver de la plaza, después de jugar con el hámster… Hasta que forme parte de su rutina diaria, habrá que recordárselo con frecuencia.

Podemos buscar alicientes: jabones de colores y formas divertidas, un muñeco de plástico junto al lavatorio al que hay que lavar cada día “para quitarle los bichitos”, una toalla de manos con su personaje favorito o una canción que acompañe la actividad: podemos poner letra a alguna melodía conocida.

  • Mocos:

Achís! Lindo estornudo. Mientras echaba la cabeza hacia atrás para tomar impulso, la abuela se ha acercado con un pañuelo. Demasiado tarde. Para su sorpresa. el pequeño ha puesto la mano para protegerse, tal y como le ha enseñado mamá. La abuela asiente riéndose y le dice que eso está bien, pero que ahora tiene que aprender la siguiente lección: sonarse la nariz. Lo harán juntos, imaginando que el pañuelo es una vela de barco que sólo se moverá cuando el niño expulse el aire por las fosas nasales.

Y es que niños y mocos son una pareja bien avenida, así que conviene probar técnicas divertidas para que aprendan a limpiarse la nariz, se habitúen a hacerlo solos… y convencerlos de que no se hurguen con los dedos, ni se limpien los mocos con los puños del buzo o, incluso, ¡se los coman!

A los pequeños hay que recordarles constantemente estas reglas básicas con ternura, paciencia y algo de imaginación: por ejemplo, animándolos a encestar los pañuelos sucios en la papelera.

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