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Llegó el invierno y con él, el frío de verdad, y los padres empiezan a temblar ante la avalancha de resfriados que se avecinan. Siempre se ha pensado que abrigar a los niños con capas y capas de ropa y salir de casa lo menos posible, ayudaba a evitarlos. Pero es un error. Nos preguntamos ¿por qué en invierno hay más refriados? La respuesta es muy sencilla. Porque los virus que los causan sobreviven mejor cuando la humedad es baja y la temperatura es fría, es decir, en los meses de invierno. Aunque el origen del resfriado es vírico, la calefacción del hogar crea un gran contraste de temperatura entre el interior y el exterior de los edificios. Eso dificulta que el organismo se aclimate normalmente y crea un terreno favorable para las infecciones respiratorias.

El hecho de salir a la calle no indica que el niño vaya a resfriarse. El pequeño necesita hacer ejercicio, salir a la calle, correr y sudar. La sudoración es un mecanismo fisiológico que se encarga principalmente de la función termorreguladora. Lo que hay que hacer después es abrigarle en cuanto termine de hacer el ejercicio para que no coja frío. Igualmente, hay que tener en cuenta que no debemos abrigarle con muchas capas de ropa, ya que ese hecho no va  a evitar que el niño se resfríe. Lo importante es cubrir la mayor parte de piel, con gorro y bufanda, pero no con varias capas de ropa.

En definitiva, aunque a los padres nos dé pereza, el mal tiempo no nos tiene que desanimar para salir de casa con el pequeño. El viento es divertido, porque hace volar las hojas y la lluvia crea charcos para saltar.

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