Suben las temperaturas y por ello, ahora más que nunca, es importante estar bien hidratado, por dentro y por fuera. También es necesario que conozcas cómo prevenir la insolación o la deshidratación. Principalmente te recomendamos que bebas mucha agua, evites las horas centrales del día para salir a la calle y protejas la cabeza y los ojos de la radiación solar.

Durante los meses de verano, también te recomendamos utilizar ropa ligera, gorros, gafas de sol y cremas protectoras, además de acudir al médico al “menor” síntoma de malestar tras una exposición al sol.

Los niños y las mujeres embarazadas son dos de los colectivos que más precauciones deben tener en cuenta a la hora de tomar el sol.

Los lactantes tienen la piel más fina y con menos melanina, por lo que su piel se quema más fácilmente que la de los niños mayores. Además está desaconsejado aplicar crema de protección solar a los bebés de menos de 6 meses. Así que si tu bebé tiene esta edad intenta no exponerlo al sol, en la medida de lo posible.

Para bebSONY DSCés de 6 meses en adelante o niños mayores, elige un factor de protección solar de 15 o superior para prevenir tanto las quemaduras solares como el bronceado. Busca un producto cuya etiqueta muestre que protege contra los rayos UVA y UVB (estos productos se denominan protectores solares de “amplio espectro”). Para evitar posibles reacciones alérgicas de la piel, evite aquellos productos que contengan PABA, y si su hijo tiene la piel sensible, busca un producto que contenga como ingrediente activo dióxido de titanio (un protector que carece de componentes químicos).

Instituciones como Cruz Roja recuerdan que, en verano, los efectos del calor pueden generar efectos “muy nocivos” sobre la salud, “especialmente” en niños y personas mayores. Asegúrate de que tus hijos están bien hidratados, no olvides llevar su botella de agua cuando salgas a pasear y refréscales mojándole la cabeza cuando paséis mucho tiempo en la calle.

Existen varios factores ambientales que afectan a la capacidad del cuerpo para enfriarse cuando hace mucho calor. Si la temperatura se mantiene elevada de manera constante durante un periodo de tiempo prolongado, el mecanismo de la sudoración termina fallando y aparece el riesgo de que se produzca una insolación.

También influyen factores de tipo personal, como la edad, enfermedades del corazón o respiratorias, demencias, obesidad, o el consumo de medicamentos o alcohol.

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