El inicio de la etapa de los porqués coincide con la época en la que hay un verdadero romance entre el hijo y los padres. A los tres años, como la mayoría de los niños suelen mostrarse más tranquilos y como manejan un mayor número de palabras, los padres creen que su hijo verdaderamente sabe lo que busca cuando repite “¿por qué?” a toda hora.
Sin embargo se ha demostrado que no es así, que es un autoengaño que los padres suelen pagar con creces si no son conscientes de que, a veces los porqué son una excusa para no estar todo el tiempo cerca de sus padres y alejarse un poco más cada día. Los porqués cambian con la edad.
A los tres años, se trata quizá más de un juego lingüístico, de una forma de perfeccionar su vocabulario de relacionarse con otros niños y, en menor medida, por querer averiguar realmente qué sucede. Cómo sus progenitores, debemos procurar que el niño sienta que nos interesamos de verdad por sus preguntas.
Ello no implica tener que estar dándoles información a todas horas. Hay diversas formas de contestar al niño para que sus preguntas no se queden sin respuestas., como por ejemplo: “¿Y tú que crees?”. Hay niños a los que la edad de los porqués les dura hasta los seis años, pero no se trata de unos porqués con el mismo significado que cunado tienen tres. A esta edad sí que buscan causas.