No hay palabras para describir los sentimientos de una madre hacia su hijo recién nacido. Desde el primer momento en que ves a tu bebé, un indescriptible sentimiento de amor recorre tu cuerpo. Durante las primeras semanas tras el alumbramiento, notarás como el instinto maternal se fortalece y te darás cuenta de que has entrado en un club exclusivo.  Tus sentimientos hacia tu pequeño son tan  intensos, que no es extraño que te pases horas y horas mirando cómo duerme y maravillándote de lo perfecto  que es, y no puedes creer  que sea tu bebé.

Hacia las seis semanas, tu bebé empezará a sonreir y tú le corresponderás con orgullo. Pero crear un lazo no siempre es algo instantáneo. Requiere tiempo y paciencia para comprender las necesidades de tu bebé y aprender a complacerle. Tan pronto como nace, tu voz es la mejor herramienta para calmarle y, de hecho, la reconocerá tan sólo dos horas después del nacimiento.

 Otra forma de fortalecer vuestros lazos es amamantarle. Así, no sólo tenéis un contacto directo, sino que la producción de leche libera una hormona llamada oxitocina en tu corriente sanguínea que tiene un efecto preventivo de la ansiedad y crea un vínculo con el bebé. Es difícil de creer, pero los primeros días de vuestra relación son sólo un indicio de cómo serán tus sentimientos hacia tu hijo en los próximos años

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