Antiguamente se creía que los bebés al nacer no podían ver y, por lo tanto, no era necesario estimularlos con imágenes llamativas. Sin embargo, este concepto está muy alejado de la realidad: el bebé puede localizar claramente a una distancia de 20-25 centímetros.
También pueden distinguir los colores, aunque no en sus matices plenos, porque los células sensibles al color de los ojos aún no están totalmente desarrolladas, de manera que los ven un poco más apagados que los adultos, pero diferencian colores.
Teniendo en cuenta todos estos factores, los especialistas afirman que el desarrollo normal de la vista de un bebé depende en gran parte de la estimulación visual que se le proporcione desde el momento mismo del nacimiento.