El pobre saltamontes se sentía muy desgraciado. En verdad, no le faltaban motivos, pues había nacido con una patita más corta que la otra y no podía saltar como los demás miembros de su especie. En consecuencia, se pasaba días enteros llorando y lamentándose.
Grande era el dolor de amigos, familiares y vecinos al ver al saltamontes tan desconsolado. Todos intentaban animarle contándole historias y diciéndole frases filosóficas, pero, como es lógico, el saltamontes lo que quería era saltar.
Un grillo y un gusano, amigos ambos del saltamontes, paseaban un día por el bosque. En esto vieron a dos cucarachas que habían encontrado unos muelles elásticos, resortes abandonados. Ambas se pusieron a jugar con ellos, dando saltos cada vez más grandes.
El grillo y el gusano tuvieron la misma idea y al mismo tiempo. Corrieron junto a su amigo el saltamontes, llevando consigo uno de tales resortes o muelles elásticos.
— ¡Toma, aquí te traemos algo que hará que olvides tu mal! ¡Anda, pruébatelo! —dijo el grillo.
Dudó el saltamontes antes de ponerse a practicar con el muelle elástico. Aunque, al principio, no sabía utilizarlo bien, con el tiempo llegó a dar saltos enormes, mucho más espectaculares que los demás saltamontes.
Amiguitos: Desde ese día, nuestro saltamontes desbordaba alegría y dulzura. Su problema había quedado resuelto, gracias a los buenos amigos que tenía.